Por cualquier medida, la nueva postura de Israel en las negociaciones con Hamás - que cualquier acuerdo debe incluir la liberación de todos los rehenes de una vez - es la correcta. Es correcta estratégica, política y, sobre todo, moralmente.
Durante casi dos años, Israel ha soportado la insoportable realidad de sus hijos e hijas retenidos bajo tierra en Gaza.
Durante casi dos años, las familias de los secuestrados el 7 de octubre han vivido en un tormento interminable, sin saber si sus seres queridos regresarán alguna vez.
Y durante casi dos años, el gobierno de Israel ha luchado con la dolorosa pregunta de cómo traerlos a casa sin empoderar al enemigo que los arrancó brutalmente de sus familias.
Hasta ahora, la fórmula ha sido acuerdos por fases. Algunos rehenes aquí, algunos allá, a cambio de treguas temporales, liberación de prisioneros o concesiones humanitarias.
Cada acuerdo parcial trajo alivio a algunas familias, momentos de alegría indescriptible al reunirse con sus seres queridos. Pero cada acuerdo también dejó a docenas aún atrapados en Gaza. Cada acuerdo dejó a Hamas con más cartas para jugar. Y cada acuerdo mantuvo a la sociedad israelí como rehén de las manipulaciones cínicas de Hamas.
Ese modelo debe terminar. El cambio a un enfoque de "todo o nada" no es solo una táctica de negociación. Es un reinicio estratégico necesario en múltiples frentes.
Por qué Israel necesita cambiar a un enfoque de todo o nada
En primer lugar, los acuerdos parciales solo han prolongado la pesadilla. Cada vez que Israel accedió a una liberación gradual, Hamas se quedaba con las ganancias y volvía por más. Más tiempo, más influencia, más prisioneros liberados y más presión para detener las operaciones militares. Este proceso fragmentado sirvió perfectamente a los intereses de Hamas: mantener a Israel esperando, mantener al mundo observando, mantener a las familias divididas y dejar que la organización terrorista tome las decisiones. Exigir la liberación de todos los rehenes de una vez niega esa ventaja a Hamas.
En segundo lugar, el enfoque anterior creó una jerarquía cruel. ¿Cuál hijo regresa primero a casa? ¿A quién se deja atrás como padre? ¿A quién le toca sufrir más tiempo? Al insistir en que todos deben ser liberados juntos, Israel afirma una verdad moral fundamental: cada rehén tiene igual valor. Ninguna vida es dispensable, ninguna angustia familiar es menos urgente.
En tercer lugar, la disuasión depende de la claridad. Mientras Hamas pudiera calcular que secuestrar israelíes generaría concesiones repetidas, el secuestro seguía siendo una estrategia viable. Exigir la liberación de todos los rehenes a la vez es el mensaje más claro posible: esta táctica no dará más beneficios. La única forma de avanzar es dejar que todos se vayan.
En cuarto lugar, los acuerdos por fases corroen la cohesión nacional, prolongan todo el trauma y provocan protestas amargas y recriminaciones internas. La nueva posición restablece la equidad y la unidad: o todos vuelven a casa, o Israel avanza hasta que lo hagan. Esto no solo es justo, sino que reducirá la fricción en una sociedad desgastada por casi dos años de guerra, duelo y agitación política.
Quinto, se pone fin a la guerra psicológica de Hamas. El grupo terrorista nunca ha visto a los rehenes en términos puramente militares; son herramientas en la guerra cognitiva, diseñadas para dividir la sociedad israelí, erosionar la moral y fracturar la cohesión. Al liberar a algunos mientras retienen a otros, Hamas siembra deliberadamente la discordia y prolonga el trauma. Requerir la liberación de todos los rehenes a la vez cierra este frente, negándole a Hamas su arma psicológica más efectiva.
Sexto, se alinea con los objetivos militares y políticos más amplios de Israel. La guerra tiene como objetivo desmantelar a Hamas como entidad gobernante y militar y despojarlo del poder que tenía el 7 de octubre. Los acuerdos de liberación de rehenes por fases socavan ese objetivo al prolongar la supervivencia del grupo terrorista como organización. La demanda de la liberación de todos los rehenes de una sola vez apoya la visión estratégica más amplia: la influencia de Hamas debe terminar.
En conjunto, estas razones dejan claro que el antiguo modelo de liberaciones parciales ha llegado a su fin. Prolongó la pesadilla, fortaleció a Hamas y desgastó la unidad de Israel.
La nueva postura, en contraste, cierra vías de explotación, refuerza la disuasión y reafirma el principio de que cada vida importa igualmente. Es natural intentar cualquier acuerdo que prometa un alivio parcial. Pero la historia muestra que el alivio parcial ha tenido un alto precio al perpetuar la misma cautividad que intentaba terminar.
Esto no es solo una nueva fórmula de negociación, sino más bien una reafirmación de la determinación nacional. Israel ya no jugará el juego de goteo y retazos de Hamas. La demanda es simple, moral e inquebrantable: todos ellos, todos a la vez. Nada menos.