En un mundo que experimenta cambios sin precedentes, los campos de batalla tradicionales están dando paso a un escenario complejo, multidimensional y tecnológicamente impulsado. Las guerras del futuro integrarán tecnologías avanzadas, ciberataques y amenazas estratégicas emergentes junto con fuerzas militares convencionales como tanques, aviones y tropas terrestres. En esta realidad dinámica, surge la pregunta crucial: ¿cómo serán las guerras del futuro y qué forma tomará el nuevo campo de batalla?

El escenario actual: Turbulencia geopolítica y su impacto

El mundo está experimentando actualmente un importante trastorno geopolítico. Cambios rápidos en las políticas exteriores, particularmente de potencias globales como Estados Unidos, están causando alteraciones profundas en los equilibrios de poder y las normas internacionales de compromiso. Cambios en las actitudes hacia países como China, Irán, Rusia y Turquía, junto con nuevas iniciativas políticas relacionadas con áreas de conflicto como la Franja de Gaza, afectan directamente los patrones de combate y las percepciones de seguridad global.

Principales tendencias en el campo de batalla del futuro

En el campo de batalla del futuro, los líderes políticos, militares y sociales enfrentarán desafíos complejos y diversos, que incluyen la guerra psicológica, la explotación estratégica de civiles, el empoderamiento de mujeres en roles clave, la integración de tecnologías avanzadas y sistemas autónomos, la creciente autonomía estratégica de Europa, el avance de las capacidades ofensivas, el manejo de la guerra asimétrica, el control de las narrativas en evolución y la preparación para conflictos de duraciones variadas.

Los líderes necesitarán una agilidad mental excepcional, creatividad y responsabilidad para reconocer rápidamente nuevas amenazas y desarrollar soluciones efectivas para prevenir catástrofes globales y fomentar un mundo estable y seguro.

(Ilustrativo) Un soldado manejando un dron.  (credit: SHUTTERSTOCK)

El campo de batalla de la guerra psicológica

La próxima guerra no solo se librará en las fronteras, se librará en la mente. Estamos viviendo en la era de la guerra cognitiva. Ya no es solo una lucha por el territorio, sino una batalla por la opinión pública. Por la verdad. Por la narrativa. La guerra de información psicológica se ha convertido en un arma poderosa utilizada por estados y organizaciones hostiles, con el objetivo de desestabilizar naciones desde dentro, sin disparar un solo tiro.

El ataque de Hamas a las comunidades israelíes el 7 de octubre de 2023 marcó un punto de inflexión en el uso de la guerra psicológica. El asalto coordinado, que incluyó la muerte de 1.200 israelíes y el secuestro de 250 civiles y soldados, estuvo acompañado por la difusión en tiempo real de imágenes horribles que Hamas filmó atrocidades utilizando los teléfonos inteligentes de las víctimas y rehenes y las enviaron en tiempo real a sus contactos.

Estas imágenes no solo tenían la intención de aterrorizar, sino también de fracturar la sociedad israelí y erosionar su resistencia colectiva.

Esta realidad desgarradora afecta profundamente a la sociedad israelí: aproximadamente el 70 por ciento de los israelíes exigen el regreso inmediato de todos los rehenes. Han surgido divisiones profundas dentro de la sociedad con respecto a la estrategia para concluir la guerra y desmantelar a Hamas. La presencia de rehenes en territorio enemigo y la liberación periódica de videos de rehenes por parte de Hamas complican significativamente las acciones militares, planteando una amenaza genuina para sus vidas con cada ofensiva.

Esta forma de guerra cognitiva, donde se ataca la mente en lugar del cuerpo, se ha convertido en una característica central del conflicto moderno. Actores hostiles como Hamas, Hezbollah e Irán emplean noticias falsas, videos montados y contenido manipulado en redes sociales para profundizar las divisiones en la sociedad y socavar la confianza en las instituciones.

Defendiendo el frente cognitivo

En la guerra cognitiva, las personas mismas se convierten en el objetivo. El objetivo es hacer que los israelíes pierdan la fe en sus líderes, sus instituciones, el ejército e incluso en ellos mismos. Hacernos ver unos a otros como enemigos. Cuando la confianza se desmorona, también lo hace la cohesión, la gobernanza y la capacidad de respuesta nacional.

Para contrarrestar estas amenazas, las naciones deben invertir en la resiliencia de la sociedad. Esto incluye promover la alfabetización digital, aumentar la conciencia pública y fomentar el diálogo inclusivo. Los gobiernos también deben desarrollar mecanismos de respuesta rápida para detectar y neutralizar operaciones de influencia extranjera. La transparencia, la credibilidad y la unidad son esenciales para mantener la confianza pública y la cohesión nacional.

En las guerras del mañana, no solo serán las ciudades las que sean destruidas, sino la fe de los ciudadanos en sus propios países. Esa es la verdadera amenaza. Enfrentarla requiere un cambio cognitivo profundo: entender que el corazón de una nación no es solo geográfico, sino también psicológico. Y al proteger la mente, protegemos la patria.

Campos de batalla digitales y autónomos

A medida que la guerra se vuelve cada vez más digital, con la inteligencia artificial, drones y sistemas autónomos desempeñando roles centrales, el elemento humano sigue siendo indispensable. Los eventos del 7 de octubre subrayaron que si bien la tecnología mejora la precisión y reduce el riesgo, no puede reemplazar a los soldados en el terreno, quienes pueden interpretar realidades complejas y tomar decisiones éticas en tiempo real. La victoria todavía requiere presencia física, comprensión cultural y juicio moral.

La tecnología es un multiplicador de fuerzas, no un sustituto. Los sistemas integrados que combinan armamento avanzado con fuerzas tradicionales definirán los campos de batalla del futuro. Los sistemas de defensa basados en láser, por ejemplo, ofrecen protección económica y complementan herramientas existentes como la Cúpula de Hierro o los sistemas de defensa de misiles Arrow.

Mientras tanto, las naciones están pasando de posturas defensivas a estrategias ofensivas proactivas. La dependencia de Israel únicamente en la defensa se demostró insuficiente, como se vio en los ataques del 7 de octubre. Las capacidades ofensivas, incluidas las militares, cibernéticas y psicológicas, son esenciales para la disuasión y la ventaja estratégica. Véase el ataque israelí a Irán el 13 de junio de 2025.

Tras la guerra entre Rusia y Ucrania, los países europeos aumentaron significativamente los presupuestos de defensa, desarrollando capacidades ofensivas junto con las defensivas. Japón, tradicionalmente comprometido exclusivamente con la defensa después de la Segunda Guerra Mundial, ahora adopta de manera similar capacidades militares ofensivas.

Los ciberataques también han pasado de ser incidentes aislados a estrategias legítimas de guerra a nivel estatal. Países como Irán, China y EE. UU. invierten fuertemente en capacidades cibernéticas para apuntar a las economías, sistemas de armas sofisticados y percepciones públicas. Las capacidades ofensivas mejoradas se han vuelto críticas para redefinir las estrategias de defensa globales.

En última instancia, el éxito en la guerra moderna depende de combinar la innovación tecnológica con la perspicacia humana, la claridad estratégica y la capacidad de adaptarse en los dominios físico y digital.

Liderazgo en la era de la guerra futura

El carácter evolutivo de la guerra demanda un nuevo tipo de liderazgo. Los líderes militares y políticos deben demostrar agilidad mental, creatividad y una profunda comprensión de las dimensiones tecnológicas y humanas. Deben ser capaces de reconocer amenazas emergentes, adaptarse a entornos que cambian rápidamente y coordinar respuestas en múltiples dominios: físico, digital y psicológico.

El creciente reconocimiento global de los roles de las mujeres en la seguridad nacional, la gestión de conflictos y la toma de decisiones estratégicas subraya el valor de sus diversas perspectivas. A pesar de esto, las mujeres israelíes siguen estando significativamente subrepresentadas en puestos de liderazgo, con una presencia mínima en los ministerios gubernamentales y el Knesset. La mayor participación femenina en la resolución de conflictos, como en los conflictos entre Ucrania-Rusia o Israel-Hamas, podría fomentar un enfoque más humanitario, colaborativo y multidimensional. A menudo se asocia a las mujeres con la gestión diplomática de crisis, un lente social más amplio y un énfasis en la reconstrucción posterior al conflicto junto con consideraciones tácticas.

Conclusión

El campo de batalla del futuro no está confinado a la geografía. Se extiende al ciberespacio, a las redes de información y a la conciencia colectiva de las sociedades. La victoria ya no se medirá únicamente por ganancias territoriales, sino por la capacidad de preservar la cohesión societal y la resistencia psicológica. A medida que la guerra se vuelve más sofisticada y multidimensional, las naciones que prioricen la adaptabilidad, la unidad y la resiliencia estarán mejor posicionadas para enfrentar los desafíos por delante.

¿Y la esperanza? La esperanza existe, no como un cliché, sino como una estrategia. La esperanza está en el láser que intercepta un cohete a bajo costo. En la esperanza de que cada vez más mujeres ingresen en los círculos de toma de decisiones, llevando consigo una voz más amplia y sanadora. En la esperanza de que un niño israelí y una niña libanesa ya no teman al cielo. En la esperanza de que nos demos cuenta de que no ganaremos para siempre solo con tanques, sino con ideas, con ética, con la capacidad de imaginar un futuro diferente.

¿Cómo protegemos lo invisible, la confianza, la resiliencia, la esperanza? Porque en un mundo donde las guerras están evolucionando, quizás la respuesta no solo radique en saber cómo luchar, sino en saber cuándo parar, cómo sanar y con quién soñar.

El artículo original se puede encontrar aquí.

El Coronel (Retirado) Adi Bershadsky es miembro del Foro Dvorah, que promueve a las mujeres en la comunidad de política exterior y de defensa de Israel.