Si se observan estrictamente los registros de los terminales de exportación de Irán, la República Islámica parece desafiar las probabilidades. El Fondo Monetario Internacional proyecta que Irán exportará aproximadamente $114 mil millones en bienes y servicios en 2025, manteniendo un superávit comercial con exportaciones de petróleo y no petroleras cerca de los niveles previos a las sanciones.
Sin embargo, las experiencias de la gente en Teherán, Tabriz, Ahvaz e Isfahán muestran una realidad muy diferente. A pesar de la bonanza de las exportaciones, la economía iraní no solo se está estancando; está entrando en una peligrosa fase de estanflación y caída libre. El régimen ha logrado asegurar sus flujos de ingresos, pero ha fracasado por completo en asegurar los medios de vida de su gente. Esta divergencia, entre un régimen rico y una nación empobrecida, expone la podredumbre fundamental en el corazón de la gobernanza económica de Irán.
Los indicadores macroeconómicos pintan un panorama sombrío que los datos de exportación solos no pueden ocultar. Después de unos años de crecimiento positivo, el crecimiento del PIB de Irán se volvió negativo en la primavera de este año, con expectativas de que se mantendrá plano o se contraerá aún más. La inversión se ha agotado, con la formación bruta de capital fijo, un indicador clave de la salud económica futura, ahora en territorio negativo.
El indicador más visceral de este fracaso es la moneda. Cuando Ruhollah Khomeini llegó al poder en 1979, un dólar estadounidense se cotizaba a 70 riales. Hoy, ese mismo dólar tiene un valor asombroso de 1,130,000 riales, más de 16,000 veces su precio en 1979. En el último año solo, el rial ha perdido el 50 por ciento de su valor. Esto no es solo una estadística monetaria; es el borrado de los ahorros y la dignidad de la clase media iraní.
En un país con abundantes recursos de combustibles fósiles, los iraníes enfrentan escasez de electricidad y gas natural, lo que hace insoportables tanto las temporadas de calor como de frío. Para empeorar las cosas, décadas de mal manejo y corrupción han erosionado los suministros de agua del país, y los iraníes de todo el país están luchando ahora con la escasez de agua potable.
Para el iraní promedio, estos fracasos macroeconómicos se traducen en una lucha diaria por la supervivencia. Las cifras oficiales del gobierno sitúan la inflación anual en alrededor del 40 por ciento, con una inflación punto a punto que se acerca al 50 por ciento. Sin embargo, es probable que estos números "maquillados" oculten una realidad mucho más fea.
El golpe más duro es el precio de los alimentos. En octubre, la tasa de inflación de 12 meses para los alimentos alcanzó un aplastante 64 por ciento. Para poner esto en perspectiva, los consumidores estadounidenses se ven frustrados por una inflación del 3 por ciento. Esta alta presión inflacionaria en productos esenciales está ocurriendo en un país que figura entre las cinco naciones más ricas en petróleo y que posee las segundas reservas de gas natural más grandes del mundo.
¿Cómo es posible que un país tan rico en recursos, que actualmente exporta a niveles casi récord, enfrente escasez de agua, electricidad y gas natural? La respuesta radica en la asignación de activos ideológicos del régimen.
Teherán ha tomado la decisión deliberada de priorizar la militancia externa sobre la estabilidad interna. Los miles de millones de dólares que ingresan por las exportaciones de petróleo no se reinvierten en la red eléctrica o los sistemas de gestión del agua en ruinas. En cambio, los recursos se desvían para financiar el "Eje de Resistencia". El régimen continúa financiando grupos terroristas como Hamas y Hezbollah y sostiene su programa de misiles, incluso mientras sus propios ciudadanos enfrentan cortes de energía y escasez de agua.
La corrupción interna y la mala gestión agravan aún más la crisis. La falta de legitimidad ha provocado una fuga de cerebros y de capitales, dejando que la economía sea controlada por leales en lugar de tecnócratas.
Mirando hacia el futuro, es probable que el futuro económico de Irán siga una de tres trayectorias.
El Escenario del Acuerdo: Un nuevo acuerdo diplomático podría levantar las sanciones y estimular la economía a corto plazo. Sin embargo, las preferencias ideológicas y la historia de toma de decisiones del régimen sugieren que este usaría esta bonanza no para el desarrollo interno, sino para potenciar su agresión regional, opresión interna y programas militares, de manera similar a lo ocurrido después del JCPOA.
Irán financiará a sus grupos afiliados y programa de misiles, mientras su economía se pudre lentamente
La Situación Actual: Si el cumplimiento de las sanciones sigue siendo débil, Teherán seguirá sobreviviendo como pueda. La economía se estancará y se pudrirá lentamente, pero el régimen conservará recursos suficientes para financiar a sus grupos afiliados y programa de misiles, y acercarse a la obtención de un arma nuclear.
La verdadera aplicación de la máxima presión: Un retorno a la aplicación seria y rigurosa de sanciones forzaría a la economía a una profunda estanflación. Esto limitaría severamente los fondos disponibles para los países intermediarios y la agresión regional, y aumentaría la probabilidad de levantamientos internos. Si se produce un conflicto militar, es probable que la economía de Irán se deteriore aún más. Durante un conflicto militar, si la infraestructura económica clave del país, como la terminal petrolera de Kharg Island, el campo de gas de South Pars y las principales refinerías, es atacada, la economía podría sufrir un shock repentino y catastrófico.
La tragedia de Irán bajo la República Islámica no es la falta de riqueza, sino un exceso de ideología. Mientras exista el régimen islámico y Teherán vea su economía como un motor logístico para la propagación del terrorismo e ideología islamista en lugar de un mecanismo para la prosperidad nacional, el sufrimiento del pueblo iraní continuará en una antigua tierra bendecida por abundantes recursos naturales.
Saeed Ghasseminejad es asesor senior para Irán y economía financiera en FDD, especializado en la economía de Irán, los mercados financieros, sanciones y finanzas ilícitas.