Las últimas temporadas de excavación en Jericó han entregado material de cuento de hadas. Arqueólogos de la Universidad Sapienza de Roma y el Departamento de Antigüedades Palestino informan haber encontrado una ostra inscrita en escritura moabita temprana en Tell es-Sultan. Sus letras coinciden con el dialecto de la Estela de Mesha y caen en la era en la que la Biblia dice que el rey moabita Eglón tuvo Jericó por "dieciocho años" (Jueces 3).
Justo debajo de esa capa, dos palacios separados cuentan una historia ardiente de convulsión. Granos carbonizados y datación por carbono sitúan una destrucción alrededor de 1635 a.C. y otra alrededor de 1530 a.C., fechas que se superponen a las líneas de tiempo propuestas para el Éxodo y subrayan la reputación de Jericó por colapsos repentinos.
Más profundamente, los excavadores reexaminaron la famosa doble muralla de la Edad de Bronce temprana. Su parte superior de ladrillo de barro maltrecho muestra cómo un terremoto, o el tipo de asalto ruidoso descrito en Josué 6, podría haber enviado los cursos superiores cascando hacia afuera.
Los descubrimientos aparecen en el Informe Provisional de las Excavaciones en Tell es-Sultan, la Jericó Antigua (2019-2023), publicado en Vicino Oriente XXIX (2024) por Lorenzo Nigro y Jehad Yasine. Con Jericó ahora siendo un sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO, el equipo planea realizar más trabajo de laboratorio en el ostracon moabita y tomar muestras adicionales de radiocarbono. Cada capa fresca, dicen, sigue estrechando la brecha entre el texto sagrado y la trinchera arqueológica, dando a Eglón, Josué y sus historias nuevos puntos de apoyo en la tierra de la ciudad más antigua del mundo.
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