Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México descubrieron una cueva mortuoria prehispánica dentro del Área Natural Protegida de Ocampo en Coahuila. La cueva contenía cientos de huesos pertenecientes a culturas del desierto de hace al menos 500 años, estimados en corresponder a 17 individuos.
El descubrimiento se hizo tras informes de robo de huesos y saqueo en la zona, lo que provocó una respuesta colaborativa de INAH y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Los arqueólogos realizaron un reconocimiento de las montañas en el estado de Coahuila de Zaragoza, lo que llevó al hallazgo.
El reconocimiento reveló un estrecho eje vertical de solo 50 centímetros de ancho, que llevaba a un sistema de cuevas mortuorias ocultas. "A través de un eje vertical, de solo 50 centímetros de ancho, los saqueadores llegaron a un primer nivel a cuatro metros de profundidad", explicó el arqueólogo experto Yuri de la Rosa Gutiérrez, según HeritageDaily. "Desde allí, después de cruzar una grieta, se abrió una habitación donde, a través de otro eje vertical, continuaron descendiendo ocho metros más".
Dentro de esta cámara subterránea, el equipo descubrió restos óseos dispuestos en una pequeña cámara semicircular. Entre los restos, se identificaron 12 cráneos completos, cinco de los cuales pertenecían a niños. Un análisis antropológico determinó que los entierros incluían hombres, mujeres y niños de diversas edades.
"Se trata de una cueva mortuoria prehispánica con las características generales del tipo de sitio en el desierto", dijo de la Rosa Gutiérrez, destacando su importancia para entender a los habitantes nómadas de la región. El arqueólogo señaló que el sitio de entierro es similar a la Cueva de La Candelaria en Coahuila, con un pozo que conduce a la parte inferior donde se encuentran varias cámaras. Al igual que la cueva mortuoria recientemente descubierta, la Cueva de la Candelaria se accede a través de un pozo vertical y se utilizaba para entierros funerarios de grupos nómadas.
De la Rosa Gutiérrez y su equipo describieron la entrada como "un agujero casi imperceptible en la inmensidad de las montañas". Sin embargo, el contexto del sitio ha sido alterado debido a saqueos. "Los cuerpos debían estar envueltos en textiles, como fardos mortuorios, acompañados de varios objetos dentro del fardo y depositados en el suelo, encima de cestas y esteras, pero desafortunadamente los saqueos alteraron el contexto", advirtió.
Además de los restos humanos, se encontraron quince fragmentos de textiles de la época, junto con fragmentos característicos de culturas desérticas. Una vez que el INAH rescató estos vestigios, las autoridades los transfirieron al Museo Regional de La Laguna en Torreón, Coahuila, para su preservación y estudio adicional. Allí, serán limpiados para su conservación y análisis.
Debido a su valor patrimonial, la cueva mortuoria será oficialmente agregada al catálogo nacional de sitios arqueológicos de Coahuila. La designación tiene como objetivo proteger el sitio de posibles saqueos y preservarlo para investigaciones futuras.
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