Científicos descubrieron una roca de granito que contiene la huella dactilar humana más antigua conocida en el mundo, dejada por un Neandertal hace aproximadamente 43,000 años. La roca, encontrada en el sitio arqueológico del Refugio de San Lázaro en Segovia, España, proporciona evidencia del pensamiento simbólico y la capacidad abstracta de los Neandertales. Según Deutsche Welle, el hallazgo fue claramente identificado como Neandertal mediante técnicas multispectrales y análisis forenses.

El descubrimiento fue anunciado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, y los hallazgos detallados fueron publicados en la revista Sciences. La investigación fue realizada por un equipo de científicos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), la Policía Científica de la Policía Nacional y la Universidad de Salamanca.

"El descubrimiento representa evidencia directa del uso intencional de pigmentos con fines simbólicos por parte de los neandertales", dijo David Álvarez Alonso, investigador del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la UCM. La piedra presenta un punto de ocre rojo aplicado con la punta de un dedo, dejando atrás una huella dactilar completa.

Análisis posteriores determinaron que la huella dactilar pertenecía a un neandertal varón de entre 18 y 25 años. La impresión fue hecha con el dedo índice derecho, resaltando la capacidad simbólica de los neandertales. El pigmento utilizado estaba compuesto por arcilla y óxidos de hierro, comúnmente conocido como ocre, que a menudo se utilizaba en pinturas rupestres prehistóricas.

La piedra fue descubierta durante la campaña de excavación de 2022 en el sitio del Abrigo de San Lázaro, una cavidad rocosa en la orilla del río Eresma. El sitio proporcionó refugio a los neandertales entre hace 41,000 y 45,000 años, y contiene abundantes restos de la industria lítica asociados con herramientas neandertales, incluyendo aquellas conformadas mediante la técnica "Levallois".

"La pieza era muy especial: no era un yunque, es decir, no se había usado para tallar en él, ni era un martillo para hacer herramientas. Era una pieza de granito sin marcas que había sido traída expresamente a esa cueva de piedra caliza", explicó el geólogo Andrés Díez-Herrero del IGME-CSIC. Los investigadores sugieren que las muescas naturales del guijarro se asemejaban a los ojos y boca de un rostro humano, y el punto rojo se colocó donde estaría la nariz, indicando una posible representación a través de la pareidolia.

"Donde debería haber estado la nariz, se había impreso una huella dactilar perfecta. Fue asombroso", recordó Díez-Herrero. El equipo cree que un Neandertal pudo haber visto la piedra con una forma similar a un rostro, la recgió e intencionadamente la marcó con ocre, proyectando el pensamiento abstracto sobre un objeto material.

Se realizaron análisis utilizando microscopía electrónica de barrido (SEM), escaneo 3D y técnicas multiespectrales para determinar la manipulación intencional del guijarro.

Los autores del estudio concluyen que la piedra fue manipulada intencionalmente con fines no utilitarios. "El hecho de que la piedra fue seleccionada por su apariencia y marcada con ocre demuestra que existía una mente humana capaz de simbolizar, imaginar, idealizar y proyectar pensamientos sobre un objeto", afirmaron.

"Este objeto contribuye a nuestra comprensión de la capacidad de abstracción de los neandertales, sugiriendo que podría representar una de las primeras simbolizaciones faciales humanas en la Prehistoria", escribieron los autores en el estudio.

El sitio del Abrigo de San Lázaro es considerado un lugar clave para estudiar las últimas comunidades neandertales en la Península Ibérica, se cree que estuvo habitado justo antes de su extinción hace unos 30,000 años. El sitio contiene numerosos artefactos y restos, incluyendo herramientas y huesos de animales, que proporcionan valiosos conocimientos sobre la vida neandertal.

Sin embargo, algunos expertos expresaron escepticismo con respecto a la interpretación de los hallazgos. El arqueólogo Javier Baena de la Universidad Autónoma de Madrid felicitó al equipo por sacar a la luz la huella dactilar, pero no estuvo de acuerdo con sus conclusiones. "El hallazgo en sí, excelentemente analizado en su materialidad, es de indudable interés. El problema surge cuando se quiere vestirlo con un carácter de unicum (el más antiguo, el más singular) y se fuerza el argumento en apoyo de un propósito que se aleja de lo estrictamente científico", comentó Baena.

El equipo de investigación nombró al guijarro "Perico" en honor al ciclista español Pedro Delgado, quien ganó una etapa histórica en Alpe D'Huez el 14 de julio de 1988, lo que lo llevó a ganar el Tour de Francia ese año.

"El hallazgo no solo representa un hito en la investigación prehistórica europea, sino también una oportunidad invaluable para promover el patrimonio arqueológico de Castilla y León", declaró el CSIC.

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